Te contaré, que al menear la copa, dónde serví el fluido
teñido, sentí como si salieras de ella. Mi mente me engañó por un momento, por
esa fascinación mía a mi pequeña manía. Hasta se retorcían las imágenes, veía
el líquido bajar con pesadez, con un movimiento menos fluido, que se cortaba
instantáneamente al dejar de cubrir las paredes de la copa. Dejé de disfrutar
ese gusto hace días, ya no es lo mismo, el agua o el vino, no después de tu
sentencia.
Poco sabía yo que una vida así deja de tener presencia, es
inútil levantarme de la cama. Tanto, que ni intentaba despertar a esta realidad.
Por eso ahora solo vivo en estas palabras, en esta carta a mi difunta, a ti que
haz partido, que ya no eres mía.
Parece hasta buena idea creer en algún paraíso, ya que si no
existes de ninguna manera… no puedo pensar en el olvido de tu vida. Y ahora yo,
a mis 62 años, te confieso, y te digo,
tu partida me mantiene en constante pesadumbre. Que por ti, por no dejar que
alguien más te toque, perfumé tu cuerpo para tu comodidad. Ya que tú, mi
pequeña manía, eres y fuiste lo último que tocó mis dedos, ya que alado tuyo me mantengo,
y así se mantuvo mi alma que se unió a ti después del último bombeo de mis
pulmones.
(18 de septiembre de 2014)
FPSA
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