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viernes, 9 de mayo de 2014

Última actividad de taller de bachillerato

Buitre que quisiera que fuera cuervo

El buitre en la ventana me miraba con sus ojos amarillos. Un gran ave, sí. Paciente espera, hasta crea ruido con sus garras, largas como sus años, finos como la frase más concisa. Pero al ver su coco… no vez la maquinaria más fluida. Pero trabaja, en ratos, viéndome, fijamente. Lo sabe. Lo siente. Hasta lo escuchas de su graznido al reírse. Porqué me ve en el borde y sabe lo que pienso.

(8 de mayo de 2014)

Examen de historia

La tarea más grande que haya hecho. Tanto así que se cubre, se trasforma. No es negro pero tal vez un purpura que burbujea, o un gris Oxford que elegante y misterioso sale. ¿Ataca? Tal vez al cuerpo que se fatiga, o le da vida a la victoria más dorada. Sí lo hace, se siente al caminar, lo vivo con el apagado tono de mi voz que ya dio todo. Sólo queda el reposo, pero sigue su silueta aún ya acabada la hazaña. Paciente espera, hasta crea ruido con sus garras, largas como sus años, finos como la frase más concisa.


(8 de mayo de 2014)

FPSA

miércoles, 29 de enero de 2014

Protector

Extraño la vida aunque si la tengo. Pero deliro ese momento, ese sentimiento de tranquilidad de tenue liquidez que sólo puedo capturar en imaginación pero no en escena. ¿Seré una ilusa? ¡Estaré tan absorbida en delirios e ingenuidad! ¿Cómo podré saberlo? Dime. Enséñame. No, me detendré. Perdón.
Vocifero egoísmo. Cuéntame. ¿Cómo estás tú? ¿No te duele el alma? ¿No te duele el pecho por pensar en alguien que alguna vez intoxico tus pensamientos para que sólo fueran suyos? No me digas. No quiero saberlo. No quiero saber de tu daño porque sé que duele. Esto me deja pensando. Dolor. El más común y sencillo conjunto de vocales y consonantes puede significar y decir tanto. El dolor es más duro que el sufrimiento, por ello no te puedo escuchar convaleciente. Por ello tengo que detenerte o no podré aliviarte con vida porque trataré de absorber tu dolor y lo haré mejor que tú. Podre contener las emociones propias pero al no poder cuidar de ti se cristaliza mi interior, por lo que cruje con el aspaviento de sorpresa y deja caer sus cristales.
Radian calor, por la importancia que tienes en mi árbol en el cual se conectan las ramas a los seres carnales más próximos a mí. Si fuera carnalidad todo sería más fácil, pero no lo es, pero al fin y al cabo me rompo por tratar de consumir el fragmento de experiencia que te han dado los años como lección. No es mí, no podré salir de ella. ¿Entiendes lo que digo, o sólo te confundo más?
Bueno, te diré. La jerarquía te coloca un paso delante de la escalera. Tu edad y tu experiencia lo hace una región nada común para mi conocimiento. Quiero ayudarte, pero la vida no me ha dado el hacha o martillo para romper tus conflictos. Las preguntas más existenciales que han pasado por mi mente son de identidad no de unión. Aunque quisiera darte mi cuerpo joven y ágil no te serviría para una lección como esa, en la que necesitas experiencia en tus movimientos, en la punta de sus dedos y como lo dije antes, no te puedo dar mi importancia en los ojos del mundo. Busco en mi cabeza que podría darte, pero nada de lo que pueda decir o regalarte podría alimentarte.
No puedo. No puedo. Quiero arrancarme el labio, destrozar mi garganta. Dejar que el agua hirviendo me libere de mi cuerpo, que me queme para que la piel se desprenda y se desvanezca. Así no podré recordarte lo que más quieres olvidar.


(14 de noviembre de 2013)

FPSA

jueves, 23 de enero de 2014

Ocurrió en el baño

Ocurrió en el baño. La primera vez. Arriba, abajo, así iba mi cabeza. Se llenaba de humo, salí por mis orejas. Me retumbaba y mi cuerpo se hinchaba. Quizá todo no era más que mis propias sugestiones pero dentro de mi cabeza era real, para mis ojos, mis manos, para mi mente era real.
Los colores del día eran más rojizos, y el suelo se tornaba azul. Me levantaba pero mis pies no encontraban el suelo hasta que caía en él. Me rosaba mi cara pero aun volvía. Mi cuerpo siempre quedaba en un estado estupefacto, las señales no corrían de mi mente a mi cuerpo, se detenía en algún punto intermedio, tal vez en mi garganta o nadie prendía el interruptor para que fluyera el mensaje.
Las primeras veces lo hacía en el baño de mi departamento. Pero el sentimiento al estar solo normalmente creaba pensamientos que volaban y se apropiaban de mis extremidades, eran como demonios jalando de mis piernas y brazos. Sentía dolor, como si todos los conductos interiores estuviesen tapados.
Así fue por mucho tiempo y comencé a hacerlo en las calles, en callejones sin salida donde había más como yo. Aun mis sentidos se apagaban con excepción de mi vista pero ahora algunos colores se a griseaban, se tornaba marrón. La dependencia era ya algo más, brazos y diferentes entidades dentro de mí que me alejaban de mi humanidad, me llevaban a ser un tumulto. Un objeto sin vida que moría una vida más rápidamente. El vaho salía de mi boca y ese fue el último suspiro visible que salió de mí, porque aunque fuese un tumulto, un cuerpo visible, yo había cesado de existir.

(22 de enero de 2014)

FPSA

domingo, 1 de diciembre de 2013

Al punto

Mis dedos resbalaban, enterraba mis uñas en la piedra y los músculos de mi cuerpo se tensaban. La sangre fluía con mayor rapidez, mi piel por tanto calor se tornaba roja, el oxígeno escaseaba. Una fuerza me atraía a la nada, con movimientos bruscos trataba de detenerme, mi fuerza cedía al cansancio, la energía se gastaba con cada minuto. Mi cabeza retumbaba entre dolor, me empuje hacia arriba,  con mi brazo me apoyaba y con la poca fuerza que me quedaba trataba de subir. Los salados fluidos resbalaban por mi frente, mi garganta se irritaba y mi boca expedía aire y fluidos. De nuevo esa fuerza me absorbía. El aire despeinaba mi cabello, podía ver el cielo azul y radiante, las nubes como pieles de zorro ártico, ahora una fuerza increíble pasaba por mi espalda y todas mis extremidades quedaban tiesas, la luz disminuía y ya no quedaba nada.

(30 de enero de 2013)

FPSA