miércoles, 15 de enero de 2014

Adictos

Seguía ahí, recreando cada palabra que necesitaba en el reporte, ya era hora de irme pero unos cuantos seguían trabajando. Ahí estábamos nosotros. Adictos al trabajo. En la oficina, en nuestro pequeño cubículo. ¿Qué estaba haciendo? Me detuve, me sentía observada, unos ojos sobre mí me miraban a unos cuantos metros. Mi concentración se había roto por esos aros cafés que se pegaban a mi frente. Entrecerré mis ojos y se dio cuenta que lo miré. Se asustó y siguió trabajando. Miré mi pantalla y me di cuenta que había olvidado toda la idea, tendría que leerlo de nuevo para seguir. Me levante y estiré las piernas mientras trataba de tocar el techo con mis manos.


Lo miré, el techo hecho de paneles, idéntico al de los hospitales o escuelas. Quería divagar, observar mí alrededor y así lo hice. Me senté y gire en mi silla, habíamos siete personas aún, sin contar la oficina al fondo en donde estaba el jefe y su secretaría. Regresé a mirar a Luis, aquel hombre que había hecho a mi imaginación divagar. Era muy aburrido pero no era una mala persona, siempre miraba al vacío, por ello ya no me molestaba tanto, era común en él. A tres escritorios a la derecha estaba Lorena, me le quede viendo. Su concentración nunca se rompía y seguía todo exactamente como el jefe lo quería. En ocasiones lo pensaba pero no era lo mío. Me decidí a trabajar por unos cinco minutos más. 
Estaba a punto de leer la última línea y su voz retumbo en mi oído. Cesó el silencio, gritó con ira y nos miró a todos. Sus ojos azules me penetraban, como un filo helado y tajante. Salió con pasos firmes y así quedo. Plasmado en mi memoria al dejar su cuerpo salir por la puerta. 

(14 de enero del 2014)

FPSA

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